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Guía completa del hórreo asturiano: partes, tipos, historia y conservación

Daniel Huerta·20 de marzo de 2026·6 min de lectura

Todo lo que necesitas saber sobre el hórreo asturiano: sus partes (pegollos, trabes, colondras), los 5 tipos regionales, su historia desde el siglo IX y cómo se conservan hoy.

El hórreo es el símbolo más reconocible del paisaje rural asturiano. Estas construcciones elevadas de madera llevan siglos cumpliendo su función original —almacenar grano, alimentos y enseres alejados de la humedad y los roedores— y hoy representan uno de los patrimonios etnográficos más valiosos de España.

En esta guía repasamos todo lo que necesitas saber sobre el hórreo asturiano: sus partes, cómo funciona, los tipos que existen, su historia y cómo se conservan en la actualidad.

¿Qué es un hórreo y para qué sirve?

Un hórreo es un granero elevado sobre pilares, diseñado para almacenar cosechas y alimentos protegiéndolos de tres amenazas: la humedad del suelo, los roedores y la descomposición.

Su diseño es una obra maestra de ingeniería popular:

  • La elevación sobre pegollos separa el contenido del suelo húmedo.
  • Las muelas (piedras planas sobre los pegollos) impiden que los ratones trepen.
  • Las colondras (tablas verticales separadas) permiten la ventilación natural constante.
  • La cubierta a cuatro aguas evacua el agua de lluvia en todas las direcciones.

Partes del hórreo asturiano

El hórreo asturiano se compone de tres cuerpos principales: la base, la cámara y la cubierta.

La base: pegollos y muelas

Pegollos: son los pilares que sostienen todo el hórreo. Pueden ser de piedra (lo más habitual) o de madera. El hórreo asturiano clásico tiene 4 pegollos, uno en cada esquina. La panera, su hermana mayor, tiene 6 o más.

Muelas (tornarratas): piedras planas y anchas colocadas horizontalmente sobre cada pegollo. Su función es doble: repartir el peso de la estructura y, sobre todo, impedir que los roedores suban al hórreo. La muela sobresale por todos los lados del pegollo, creando un obstáculo que las ratas no pueden sortear.

Pilpañu: pieza de madera que se coloca sobre la muela y sirve de asiento para las trabes. Garantiza la estabilidad de la unión entre piedra y madera.

La cámara: trabes, colondras y liños

Trabes: son las cuatro vigas principales que forman el marco inferior de la cámara. Descansan sobre los pilpañus y soportan todo el peso del hórreo. En los hórreos de calidad se hacen de roble o castaño por su resistencia.

Pontes: tablas del suelo de la cámara, apoyadas sobre las trabes.

Colondras (corondas): tablas verticales que forman las paredes del hórreo. Se insertan entre las trabes (abajo) y los liños (arriba). No van clavadas, sino encajadas en ranuras, lo que permite desmontar el hórreo pieza a pieza. Están separadas entre sí para permitir la ventilación.

Las colondras son también el soporte de la decoración del hórreo: tallas geométricas, rosetas solares, cruces, figuras humanas e inscripciones con fechas y nombres del propietario.

Liños: el cuadro de vigas superior que cierra las paredes por arriba. Sobre ellos se apoyan los elementos de la cubierta.

La cubierta: cabrios, teja y moño

Aguilones: piezas triangulares que arrancan de los liños y convergen en el vértice del tejado.

Cabrios: tablas que van desde los liños hasta el vértice, sobre las que se asientan las tejas o la pizarra.

Cubierta: siempre a cuatro aguas (cuatro vertientes). Los materiales tradicionales son la teja del país (cerámica artesanal), la pizarra (llosa) en zonas de montaña, o el teitu (cubierta vegetal) en los ejemplares más antiguos.

Moño: pieza decorativa que remata el vértice del tejado. Puede ser de piedra o cerámica y es uno de los elementos más característicos del hórreo asturiano.

Elementos complementarios

Corredor: balcón o galería que rodea la cámara en algunos hórreos, especialmente los de estilo Villaviciosa. Se usa para secar maíz, fabas y otros productos.

Escalera: acceso a la cámara, generalmente de piedra o madera, a veces desmontable para mayor seguridad.

Diferencia entre hórreo y panera

Es una confusión habitual. La diferencia principal es el tamaño:

  • Hórreo: planta cuadrada, sostenido por 4 pegollos. Superficie típica de 12-16 m².
  • Panera: planta rectangular, sostenida por 6 o más pegollos. Superficie mayor, a veces el doble o triple que un hórreo.

La panera surgió cuando las necesidades de almacenamiento crecieron con el cultivo del maíz (siglo XVII). Estructuralmente es más compleja y suele tener una decoración más elaborada.

Existe un tercer tipo, el cabazo, más habitual en la zona occidental de Asturias y emparentado con los hórreos gallegos.

Los 5 tipos de hórreo asturiano

Los hórreos asturianos se clasifican en cinco estilos regionales según sus características constructivas y decorativas:

1. Estilo Villaviciosa

Considerado el más antiguo y el más decorado. Se caracteriza por abundantes tallas en las colondras con motivos geométricos, rosetas solares y figuras humanas. Muchos conservan corredores. Se localiza en la zona centro-oriental de Asturias.

2. Estilo Carreño

Similar al de Villaviciosa en su riqueza decorativa, pero con mayor variedad de motivos. Típico de la zona costera central.

3. Estilo Allande

Propio del occidente asturiano. Es más austero en decoración, con líneas más sobrias y funcionales. Refleja las condiciones de vida más duras de la montaña occidental.

4. Estilo Somiedo

Adaptado a la alta montaña. Más bajo y robusto que los demás para resistir la nieve y el viento. Los pegollos son más cortos y la estructura más compacta.

5. Estilo Beyusco

Considerado el más arcaico, es un antecedente directo del hórreo clásico. Se encuentra en zonas aisladas del oriente asturiano y conserva características de las formas primitivas del hórreo.

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Historia del hórreo asturiano

El hórreo tiene raíces muy antiguas en Asturias:

  • Siglo IX: las primeras referencias documentales mencionan graneros elevados en el noroeste peninsular.
  • Siglos XV-XVI: los hórreos más antiguos que se conservan hoy datan de esta época. Los de Batón y Piedrafita (1505-1507) son algunos de los más antiguos documentados.
  • Siglo XVII: la introducción del maíz desde América dispara la necesidad de almacenamiento. Aparecen las paneras, más grandes.
  • Siglo XVIII: Gaspar Melchor de Jovellanos realiza el primer estudio serio sobre los hórreos asturianos.
  • Siglo XX: el éxodo rural y la mecanización agraria hacen que miles de hórreos pierdan su función original y comiencen a deteriorarse.
  • 1985 en adelante: se establecen marcos legales de protección. La Ley 1/2001 de Patrimonio Cultural de Asturias incluye protección específica para hórreos.

¿Cuántos hórreos hay en Asturias?

No existe un censo oficial completo. Las estimaciones varían entre 15.000 y 20.000 hórreos y paneras en todo el Principado, aunque el número exacto es difícil de determinar porque muchos están en fincas privadas y en diferentes estados de conservación.

Lo que sí se sabe es que Asturias concentra la mayor densidad de hórreos de toda la Península Ibérica, por delante de Galicia, Cantabria y el norte de León.

Una característica única: el hórreo se puede desmontar

A diferencia de la mayoría de construcciones, el hórreo asturiano es completamente desmontable. No lleva clavos ni uniones permanentes: las colondras encajan en ranuras de las trabes y los liños, y toda la estructura se mantiene por ensamblaje y gravedad.

Esto permitía históricamente que una familia pudiera trasladar su hórreo si cambiaba de residencia. Y hoy permite restaurar piezas individualmente sin tener que intervenir en toda la estructura.

Conservación del hórreo hoy

El principal enemigo de los hórreos es el abandono. Cuando un hórreo deja de usarse y de mantenerse, la humedad, los insectos xilófagos (carcoma, termitas) y la vegetación comienzan a deteriorarlo.

La buena noticia es que la madera de los hórreos antiguos —generalmente castaño o roble— es de una calidad excepcional. Con un mantenimiento adecuado y una intervención profesional cuando sea necesario, un hórreo puede durar varios siglos más.

Si tienes un hórreo y quieres conservarlo, lo más importante es actuar a tiempo: una intervención temprana es siempre más barata y menos invasiva que una restauración integral cuando el deterioro ya es avanzado.

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